lunes, 27 de diciembre de 2010

Yo y King JOhnson


En el mundillo de la música me envidiaban por mi olfato para descubrir nuevos talentos musicales y, en el mundo del dinero, el lujo y el poder era envidiado por todo y por todos. Recorría las calles de Detroit buscando caras fotogénicas, chicas negras con caderas como contrabajos y contrabajistas que quisieran abandonar su instrumento y cantar mientras chicas negras movían sus caderas como contrabajos. La América Blanca podía seguir pisoteando nuestros derechos, pero a la hora de bailar, los blanquitos se movían al ritmo que marcaban los negros de la Motown.
En general no resultaba muy difícil que los chicos dejaran sus ropas de negros de la calle y cambiaran las pelotas de baloncesto por pañuelos de seda;  los brothers y las sisters de Detroit tenían hambre de gloria, popularidad y carne. Algunos de ellos, horteras desde la cuna, aprovechaban sus comisiones para comprarse trajes de pantalón acampanado y camisas de cuellos tan grandes como sus bocazas, pero lo de King JOhnson era excesivo.

King JOhnson era un negro escuálido y desgarbado aupado sobre unos zapatos blancos, el derecho con un alza enorme. Un día me contó que se había roto la pierna en tres pedazos cuando, con nueve años, se cayó del árbol desde el que espiaba a su hermano besándose con el hijo del abogado que defendía a su padre por intento de violación de una jovencita que era la sobrina o la querida de un mandamás de la empresa que fabricaba las agujas de los tocadiscos y que a pesar de las operaciones aquella pierna no creció más y se le quedó como era con nueve años.
Como te he dicho, todo era excesivo en King JOhnson;  hablaba sin parar y follaba más que hablaba. A nadie le importaba que mandara fabricar un tacón gigantesco para su zapato derecho y que intentara disimular su cojera; a casi todos les fascinaba su andar tambaleante como si sus pies escribieran perpetuamente un rhythm and blues. Y era grande, muy grande. Y muy caprichoso. Y muy maricón. Aparecía en el escenario con el pantalón celeste tan ajustado que le partía los huevos y se los inflaba como un globo, sus zapatones blancos con alza dorada y sus gafas de sol hasta que las chicas de la primera fila le gritaban, le suplicaban que por favor, les dejara ver sus ojos.

-          Queremos verte, King. Déjanos verte. Enséñanos los ojos.



Y entonces King les daba gusto como nadie más podría darles; se quitaba las gafas y mostraba sus ojos perfilados con lápiz como una Mata Hari negra y maricona; un éxtasis colectivo recorría la piel impoluta de las chicas y empezaban a perder la virginidad. Estaba guapo el cabrón, la verdad es que estaba guapo y los chicos y las chicas alcanzaban el orgasmo -oh, my Lord- y gritaban cachondos y la máquina de hacer dinero funcionaba a toda velocidad. Nunca los niñatos blancos se habían movido al ritmo que les marcábamos. Ni las Marvelettes ni las Supremes ni el lascivo Marvin Gaye; hasta entonces el soul era de negros, el blues era de negros, las caderas en balancín eran de negros, las piernas hechas un nudo eran de negros.

King JOhnson se hacía la manicura, se hacía limpiar el cutis con vapor, se ponía aceite de visón en el pelo... nada que no hicieran el resto de mis chicos y chicas en cuanto se veían con unos dólares en el bolsillo. Cantaban, ganaban dinero, se lo gastaban, cantaban y ganaban más dinero. Pero casi nunca abrían sus bocazas para rechistar. King JOhnson hablaba mucho y cantaba como los putos ángeles negros de esos que hacía poco había descubierto el tal Machín; y yo le quería por eso. Si dejaba de dar por culo le llevaría a Las Vegas y los dos nos emborracharíamos de oro.
Pero le tenía querencia a los niños blancos, a los jovencitos llenos de granos que a todo le decían que sí porque sus padres a todo les decían que no.

- Vas a joder tu carrera, King.

Y se reía. Se tocaba la piernecita derecha que cada día parecía más pequeña. El muy cabrón se reía porque era casi dios, -my Lord-, y me contaba que su pierna dejó de crecer cuando su padre le arreó una paliza y le pegó con la pala porque le había descubierto masturbándose entre las calabazas y aquella era su parte de Peter Pan y eso que me llevaba de ventaja porque siempre sería capaz de disfrutar como un niño y no sé qué más.
Un día se marchó y me dejó colgado con dos temas nuevos, “let me touch your soul” y “love in C”. Negocié con otros artistas pero jamás les dejé cantar aquellas canciones que estaban escritas para King, para la voz de King, para el balanceo imperfecto de los pies del Rey JOhnson y que tarareo a solas con mi piano y un Jack Daniels sin hielo.

Se había ido. Me dejó; aún no estaba muerto, pero de eso ya se encargaría el tiempo.

jueves, 25 de noviembre de 2010

El secreto. No se lo digas a nadie

Las escuchaba hablar. Yo estaba sentado en la mesa de al lado tomando un capuchino que de tanto alargarlo se había ido quedando frío.Al principio casi no les prestaba atención, pero justo en el instante en que una bajó la voz y dijo en un murmullo "no se lo digas a nadie", todo cuanto me rodeaba perdió su interés y sólo tenía oídos, ojos e intención para ellas dos.
- No se lo digas a nadie, por favor. Necesito contarte. Nada más.
Por lo que seguí escuchando, no pedía consejo ni apoyo moral; sólo un poco de atención. La mía la tenía; la de su amiga también.
Comprenderán ustedes que no dé muchos detalles acerca de la confidencia que hizo. Si les cuento esto, por poco que les parezca, es porque también yo necesito decirles que sé pero que callo. Me siento muy sólo creyéndome casi el único depositario de un secreto tan grande. La amiga hambrienta de secretos, la voraz oyente parecía una esfinge pero casi me llegaba el rumor de su pensamiento.
"Claro, "no se lo digas a nadie", me ha pedido. Leal como una perra; una perra y ella mi amita, dándome secretos para comer. La perra es la mejor amiga de la mujer. Calla. Escucha. Mira para otro lado. Y este gilipollas haciendo como que no se entera de nada. Con la oreja puesta; vaya orejas. Dumbo. Yo una perra y éste de al lado un dumbito. Ay, cuánto echa de menos una mamá; las tetitas de mamá, como todos. Y habla . Y escucho."
Desde mi mesa de oyente, imaginé que yo podría ser el confidente perfecto de esa mujer divina. A la devorachismes se le veía que se le iban los dientes golosos detrás de cualquier cotilleo que la diera cierto poder.
"Me lo cuenta a mí y ella como una santa. Santaputa pide perdón. Nunca pide perdón. No necesita mi perdón. Juro silencio; seré una tumba. Se vacía; me llena de angustia. Leal. Tonta; no, tonta, no. La escucho. Está guapa. Guardaré el secreto; lo intentaré. Seré una tumba"
La amiga empieza a retorcerse en la silla. Está incómoda. No es fácil escuchar y no juzgar. Se ve que lo está intentando pero que le cuesta mantenerse callada. Fría. Por mi parte, yo estoy a punto de reventar como una caldera de agua hirviendo por eso se lo cuento a ustedes, para dejar escapar un poco de presión.

- Y ya; eso es todo. Gracias por estar siempre ahí. Voy un momento al cuarto de baño. Espérame; pago yo.
Supongo que va a lavarse un poco la cara para recomponer la máscara feliz. Mientras, su amiga parece haberse hecho vieja de golpe y yo aún no me creo lo que acabo de escuchar de esos labios preciosos, de esos ojos preciosos. Manos largas, lengua afilada, intenciones morbosas. Vuelve en dos minutos.

- Si quieres nos vamos ya. Me he quedado como nueva.

domingo, 31 de octubre de 2010

Punto muerto (un cuento)

Atascado. Lento. Joder, parado. Parado en mitad de la nada. Una recta interminable de Castilla y yo aquí en el coche. Fuera, unos cuarenta grados. Cuando todo se tuerce, se tuerce todo menos esta recta a la que no veo el fin.
No llego. Maria, desnuda, esperándome con los pezones duros, oscuros; lo mejor del hotel es el aire acondicionado. Maria es lo mejor de mi vida. María se ríe, se estremece, me hace feliz. Se dormirá esperándome; se quedará fría.
Joder, aquí parado en este atasco. ¿Qué coño está haciendo el capullo que va primero en esta fila? Mi vida paralizada porque algún gilipollas ha pinchado.
Si no se hubiera roto el condón no se hubiera jodido todo. Yo quería a Dolores; éramos casi niños jugando a médicos. Un pinchazo que llegó antes de que Dolores supiera lo que es un orgasmo, así me lo ha dicho.
Estancado. Ni para alante ni para atrás. Van saliendo a estirar las piernas y a enterarse de qué pasa. Resignados; gilipollas. Ya no llego. No me esperará.
Dejo el coche abierto; que se lo lleven si pueden.  Busco cobertura y encuentro un sitio para mear.

-          Caballero, podría ser más discreto, que voy con dos niñas.
Pienso, "qué te follen", y digo:
-     Disculpe.

Follar. María pezones duros. También con Dolores tengo días gloriosos; lo pasamos bien a veces. Normalmente, no. Dice que no va a la peluquería porque no le gusta cómo le dejan el pelo. Desgreñada y sexi; Dolores.
María esperándome en Cuenca; le dará mil vueltas a la cabeza, se vestirá y se irá a cenar con su marido. Para eso está. No sé si me quiere para follar o para sentirse guapa; una reina. Desnuda y yo aquí que ni para alante ni para atrás. Ni María ni Dolores, sólo carretera y espejismos al sol.
Niños corriendo por el arcén.
Bajo las ventanillas. Las subo. Me tapo los oídos y me escucho respirar. Me agarro al volante con las dos manos y piso el acelerador. Hey, Sabina, le quité el contacto al coche. Me asfixio de calor.
Sudo, sudaba cuando me pusieron a mi hijo en los brazos. Mi hijo con su madre, probablemente en el cine. María cenando con su marido. La vida sigue; yo detenido en mitad de mi camino. Una larga fila de coches detrás de mí; coches parados delante.
No llego. No vuelvo. No voy.
Podría morir de hambre si no solucionan esto. Puede que se olviden de nosotros.
 Me moriré de rabia si María se va a cenar sin mí. Palomitas en el cine. María con el buitre de su marido.
Los niños corren y disfrutan del ahora. Ahora es una mierda.
Mi vida es una mierda; ni para alante ni para atrás. Atascado, enfangado. Enredado.
Encuarentado. En cuarentena. Sin salida.
Detenido en mitad de nada.
Parado.

viernes, 22 de octubre de 2010

El hombre de mis sueños

He soñado con Imanol. No me incomoda aunque él duerma a mi lado y me busque con las manos y siga mi rastro por las sábanas; como es la primera vez que le veo en sueños no me permito sentirme culpable. Otra cosa sería haber soñado con Bruce. Recuerdo cuando aún le decía la verdad:
- Me cantaba sólo a mí y me hacía cosquillas con su aliento en la oreja. Luego bailábamos "dancing in the dark".
Seguramente nunca le hizo gracia que le hablara de Bruce; convirtió mis sueños en una confesión de mis deseos íntimos. Lo hice porque me hacía feliz decir en voz alta lo que había soñado en voz baja. Siempre es un placer decir el nombre de la persona a la que amas en secreto.
Cuando estaba pensando que había perdido la capacidad de soñar, aparece Imanol. Vuelve la ilusión de un encuentro inesperado. Y esta vez, no le digo nada; no voy a decir nada a nadie.
Cambio las reglas del juego: esta vez no lo voy a compartir.

martes, 12 de octubre de 2010

Rodar y rodar

Martes
Cuando ya he superado la cuesta arriba, cuando ha pasado el miedo a fracasar en esa carrera con un pronunciado desnivel en la que no se ve dónde está el final y no se puede una girar para ver el principio porque se puede perder pie, llega el momento del deleite. El placer de dejarse casi llevar; tensar los cuádriceps y disfrutar, por fin, de las vistas, de la bajada, de la respiración sencilla. El corazón, de vuelta a su estable letanía, olvida que minutos antes era un campaneo furioso dentro de mi pecho sudoroso, y se recrea mirando las encinas a los lejos, la roca de granito convertida por mi capricho en camaleón petrificado en el momento de lanzar la lengua hacia una mosca.
A punto de cantar victoria un día más; un día menos de tener que demostrar que puedo subir antes de bajar. Y entonces, la traición, el canto que hace que mi paso se tambalee. Ya no hay deleite, hay precipitación; like a rolling stone paseo mi cuerpo por el suelo. Mi cuerpo derrapa sin pedirme permiso, olvidado de que todo fue esfuerzo de la mente, que él solo no hubiera podido cumplir el objetivo.
El primer pensamiento: "que no esté roto, que no esté roto".
El segundo, casi simultáneo, que la caída y el revolcón no sean metáforas de nada.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Yanoquieroserunasupermujer (I)

Ayer me rebelé. Al mirarme en el espejo y ver que, como casi cada mañana, tenía cara de cansada, me lavé para quitarme las legañas que me arañaban y no me puse ni una gota de máscara de pestañas que normalmente hace que se me levante un poco el ojo y la moral. Y así, con mi cara de cansada y todo empecé el día; mi primer día de mujer que no intenta gustar conquistar seducir provocar convencer.
Trabajé casi como cualquier otra jornada, pero sin sonreír cuando hablaba por teléfono y, a la hora de la salida, llamé al padre de mis hijos y que aún es mi marido para decirle que descogelara unas empanadillas que yo me iba a quedar zascandileando. "Igual llegas tú antes que yo, que ando muy liado" me dijo. Y yo, "ya verás como no".
Y no hice nada que no pueda contar públicamente aunque me niego a confesar en casa en qué ocupé mi tiempo precioso, porque esa es otra, estoy aprendiendo a no justificarme a no dar explicaciones a no nada.

Entre nosotros, estuve leyendo un libro bastante malo pero muy entretenido (que eso pasa a veces) que no hubiera pasado la censura crítica de mi Club de Lectura. Y me tomé el café con azúcar porque cuando me pongo sacarina todo sabe a sacarina.
Como veis, tonterías, pero me sentí libre. Y casi feliz.
Dejé por un día de ser una supermujer y no pasó nada, no se hundió el mundo: tengo trabajo acumulado para mañana o pasado mañana pero nadie va a resolverlo por mí, leí un libro de tirón como cuando tenía 15 años, mis hijos comieron empanadillas con el centro sin descongelar del todo. Y  por la noche, tirada en el sillón viendo una película, pude llorar tranquilamente sin que se me corriera el rímel.
Toda una experiencia.

martes, 21 de septiembre de 2010

Renovarse o morir

... y como no tengo ganas de morir ni deprisa ni despacito, me puse a pensar cómo renovarme.

He estado hoy en un curso intensivo sobre los social media y las labores del community manager. Y como dijo aquel, "sólo sé que no sé nada"; una red social te lleva a otra y una comunidad a la de más allá. Y yo voy de duda en duda buscando sobre la marcha, sin poder detener a la mente enrevesada, cómo poner en práctica todo lo que me cuentan (mejor diré, todo lo que comprendo, que no es lo mismo).
En definitiva, lo que me ha quedado claro es que la comunicación a través de los social media debe hacerse con honestidad, con humildad, aceptando los errores; escuchando antes de empezar a hablar. O sea, como siempre.
Y mañana más. Ya os contaré.